¿Qué podemos hacer para mejorar la salud mental de otros?

Si buscáis en internet artículos comentando la película El Aviador, no tardaréis en dar con alguno que califique al protagonista afectado de TOC (y por extensión, a todos los que lo padecen) como «lunático».

Pablo Motos bromea sobre el TOC en el Hormiguero. Desvirtua el sufrimiento que encierra, llamando a las manías personales «tocs». Incluso hizo un comentario en el que sugería que las personas bajo las compulsiones del trastorno parecían «gilipollas».
Y aunque acostumbra a repetir invitados, no ha tenido la oportunidad de dedicar un programa a concienciar sobre salud mental o, por lo menos, un minuto para disculparse y rectificar.

Esto tiene que cambiar.

–Lo primero es reconocer el problema: La ignorancia y la estigmatización social.

Hoy en día hay una serie de conductas intolerantes que aún permitimos, no expresamos nuestra disconformidad, o dudamos sobre si intervenir.

Actualmente aún puede leerse el peyorativo y desfasado «Servicios para minusválidos» en centros públicos (como hospitales).
Hoy en día sigue forzándose a niños zurdos a escribir con la derecha, sigue hablándose de curar la homosexualidad, y se sigue forzando a niños y niñas del espectro autista a imitar la conducta del resto.

Y el bullying, la presión social, y las estructuras «normativas» son las principales causas del estrés que deriva en un trastorno mental.

–Lo segundo es entender la diferencia entre la identidad neurodivergente y un trastorno.

Aceptar la neurodiversidad, término acuñado en la propia comunidad del espectro autista aunque no limitado a ésta, consiste en reconocer la diversidad que existe a nivel cerebral entre las personas, atendiendo no sólo a los aspectos considerados negativos o sobre capacidades limitadas, sino especialmente a las capacidades específicas y positivas de las personas neurodivergentes.

De modo muy simplista, se podría decir que las personas pertenecientes al espectro autista, así como otros perfiles específicos (PAS, TOCP, etc) son neurodivergentes.
Y las personas que se encuentran «entre la mayoría» y encajan con facilidad en los esquemas sociales (en un sentido amplio, «normales») son neurotípicas.

Eso es la neuro-identidad.
No son enfermedades mentales, ni problemas de salud, ni discapacidades.

Los problemas, lo que ha de ser tratado o superado, son los trastornos.

–Una vez que se entiende ese matiz, el siguiente paso es concienciar sobre esos problemas para que las personas que los padecen no sufran injusticias ni exclusión social por su trastorno.

Mientras las personas neurotípicas sufren trastornos como depresión, ansiedad o TEPT… las personas neurodivergentes tienden a trastornos específicos (también como respuesta a estímulos externos y experiencias vividas) cubriendo tanto la depresión y la ansiedad, como otros menos extendidos o habituales (TOC, Síndrome de Tourette, etc).

Todos podemos sufrir un trastorno mental en algún momento de nuestras vidas. TODOS.

Pero mientras que los que afectan a las personas neurotípicas están normalizados y aceptados, aquellos que sufren las personas neurodivergentes siguen estando bajo estigmatización social por culpa de una ignorancia y una falta de información que incluye incluso a los servicios sanitarios.

Son ridiculizados, presionados, agredidos e invisibilizados. Y al contrario que ocurre con otros sectores que sufren discriminación, ni siquiera existe una conciencia social sobre la envergadura del problema.

Está también el prejuicio de que estas personas, desde niños, demandan una atención especial (entendiéndose como «favoritista»), cuando en realidad piden un trato específico.
Hay una gran diferencia entre tratar a alguien de manera especial y tratarlo de manera específica.

Dispensamos tratos específicos continuamente, cada día. No tratamos igual a un conocido que a un desconocido, o a un amigo, o a una pareja, o a un familiar.

Desde pequeños se nos enseña a memorizar nombres de ríos, mapas, fechas, y demás datos que responden a un esquema de educación completamente desfasado. Pero no se nos dan herramientas para comprender la diversidad mental o sexual de las personas, para aceptar lo diferente como una expresión de la rica diversidad biológica, y para encontrarnos todos a medio camino (adaptándonos mutuamente, como ocurre en todas las relaciones sociales sanas).

Cuando hablamos de personas neurodivergentes y/o personas con trastornos, se etiqueta a esas personas como «discapacitados» o «especiales» y se les educa para que ellos hagan todo el camino, y sean los que aprendan técnicas para adaptarse a los demás.

Como sociedad estamos fracasando cuando etiquetamos a una persona neurodivergente como «discapacitada» por no poder adecuar su ritmo al establecido en la Era Industrial… mientras una persona neurotípica puede carecer de empatía, ser tóxica, agresiva, e incluso intencionalmente dañina con su entorno, y seguir siendo aceptada como «normal» (ejemplo de la norma).

Tenemos que repensar nuestras prioridades, y reconstruir nuestro sistema educativo y nuestros modelos laborales.

Tenemos incluso que cambiar las definiciones en los manuales médicos que, bajo visiones sesgadas, siguen anquilosados en conceptos desfasados, que también influyen negativamente y perjudican a estos grupos.

Veo a personas autistas llorar de frustración y rabia cuando en las noticias se habla de los progresos en genética para erradicar el autismo; porque de algún modo la sociedad está más dispuesta a reescribir el código genético de los seres humanos que a, simplemente, aceptar la diversidad maravillosa que tenemos y adaptarse un poquito a ella.

Erradicar la neurodiversidad significa que, de haberlo podido hacer antes, no habría habido un Da Vinci, un Tesla, ni un Einstein. Ni muchas de las personas que han dado impulso a la humanidad.

Y eso también incluye a amigos y familiares vuestros. Tal vez una madre, o un padre. Tal vez a una hija o a un hijo. Hermanos, sobrinos… Alguien querido, fundamental y especial en vuestra vida, que no habría existido.

–Finalmente, retomando la pregunta original ¿Qué podemos hacer? ¿Qué podéis hacer?

Alzad la voz.

Alzadla cuando alguien sea ridiculizado por su neurodivergencia o por su salud mental. Mostraros críticos cuando se caricaturice y minimalice el sufrimiento que conlleva, invisibilizando la dura realidad tras estos trastornos (como ocurre con la película «TOC, TOC» que no distingue entre comedia y burla y además desinforma sobre el tema).

Mostrad vuestra indignación y rechazo cuando, contra estas personas, se usen términos como tarados, lunáticos, locos…

Leed sobre neurodiversidad, informaros sobre trastornos, y transmitid ese conocimiento contrastado a vuestro entorno.

Marcad la diferencia.

Y así podremos vivir en un mundo que seguirá siendo igual de maravillosamente neurodivergente, pero con una mucho mejor salud mental.

 

 

Jorge D.

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